PROLOGO
Cuando comprendemos y ponemos en práctica las distintas maneras a través
de las cuales podemos lograr un equilibrio físico, mental y esencialmente espiritual,
tenemos en nuestras manos las llaves que abrirán las puertas de la evolución y la
felicidad, a las que todo Ser Humano tiene derecho, para vivir una existencia plena y en
armonía.
Si ingerimos alimentos en calidad y cantidad acordes a la edad que tenemos y
actividades que desarrollamos, serán mayores las posibilidades de poseer un cuerpo sano y
vigoroso; si atesoramos en nuestra mente conocimientos, incentivando la inteligencia,
indudablemente estaremos mejor preparados para enfrentar y resolver los desafíos de la
vida. Mas aunque estas dos fuentes de alimentación son sumamente importantes, de poco nos
servirán, o lo que es peor aún, quizás se tornen perjudiciales para nosotros y nuestros
semejantes, si la energía espiritual con que nutrimos el alma, no es la adecuada, pues
ella genera todas nuestras acciones y por consiguiente sus consecuencias; las pruebas más
fehacientes, son los hechos lamentables, que diariamente ocurren en nuestro país y el
mundo: violaciones permanentes a los derechos humanos, que le arrebatan al hombre su
dignidad y libertad; bienestares materiales exagerados vacíos de solidaridad, que
desintegran las familias, cimientos de los pueblos; cruentos atentados que superan a la
ciencia ficción; injustificables guerras libradas con armamentos sofisticados, que
arrasan naciones aniquilando a sus desdichados pobladores; son fría y sistemáticamente
planificados por seres, seguramente bien alimentados y poseedores de gran inteligencia,
pero que albergan en sus almas los sentimientos más nefastos que podamos imaginar;
engañados y enfermos de codicia y ansias de poder, piensan erróneamente que el fin
justifica los medios, intentando alcanzar una felicidad que jamás lograrán, pues el
justo e incorruptible espejo cósmico de la vida, les devolverá inevitablemente la imagen
que proyecten sobre él.
Estamos viviendo tiempos de profundos cambios, que son y serán traumáticos, mas
finalmente sobrevendrá la calma. Debemos retemplarnos en la Fe y la Esperanza, expresando
un categórico ¡Basta! a toda forma de opresión, mas no respondiendo a injusticia con
injusticia, ni a violencia con violencia, sino firmemente unidos por lazos de Solidaridad,
Respeto y Amor; convencidos que un futuro venturoso nos aguarda. Éstas no son simples
expresiones de deseo, sino una realidad que viviremos, pues luego de cada noche, por más
oscura que ésta sea, indefectiblemente llega el amanecer. Hasta que ello suceda, tenemos
que resistir estoicamente, fortaleciéndonos y elevándonos espiritualmente, haciendo todo
el bien que podamos, de la manera que nos sea posible, con sencillez y humildad; bebiendo
de los manantiales inagotables que La Creación nos regala.
Cuando estando en un jardín permitimos que nuestros sentidos se compenetren con
la aromada y colorida belleza de las flores, el verde de la hierba, de las plantas, y el
trinar de las aves acompañando el suave murmullo del viento, una profunda sensación de
armonía, fuerza y bienestar interior nos invade, ello sucede porque la Madre Naturaleza
en su dadivosidad sin límites, todo lo da sin pedir nada a cambio, mas también porque
las manos laboriosas del Jardinero guiadas por su mente y por su alma, con sabiduría y
amor lo hacen posible. Al viajar por los innumerables senderos que nos propone la Poesía,
sucede lo mismo; Jardineras y Jardineros de las palabras, Poetisas y Poetas cultivan en la
fértil tierra de su inspiración todas las semillas, visibles e invisibles que la vida
ofrece, describiendo con el encanto y la magia que asisten a sus plumas, todo cuanto los
ojos físicos pueden contemplar, como así también todo aquello que únicamente se puede
ver con los ojos del alma; eternos paladines de la justicia, sin arredrarse ante
persecuciones y destierros, defienden con coraje sus ideales, capaces de superar el dolor
y la tragedia con la fuerza de un poema y de cantarle con infinita ternura a los niños y
ancianos, al amor, y a la esperanza que jamás los abandonan.
Este maravilloso "Jardín de las Palabras" que tenemos la
inmensa alegría de compartir, concebido por un puñado de voluntades inclaudicables,
pretende ser simplemente eso, un Jardín donde sus visitantes revitalicen y valoren
la extraordinaria e incomparable experiencia de VIVIR.
Carmen L.Gismondi
Felipe A. Mateos
DIRECTORES
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